Mi creatividad va paralelo a mi demencia

sábado, 10 de julio de 2010

5 minutos en el transantiago

Subo a una micro que tiene especto de cuncuna. Saludo al chofer y dice: "Como se nota que eres de provincia, negro. Buenas tardes". Avanzé por el pasillo y permaneci de pie a la mitad de esta gran máquina. Desde allí podia ver a la mayoria de las personas: Una madre de unos 35 años que jugaba con su hijo de una forma amorosa y él la miraba con ojos llenos de amor y respeto; aún no ha pasado por sus mentes que en unos años más el pequeño no cabrá en sus brazos y los recuerdos serán el tesoro de su madre y para él tan solo un momento que lo puede avergonzar. Una lola que llora al ver su celular sonar, no lo contesta, sólo llora y mira sus zapatos y la ventana; en sus ojos se ve el desconsuelo y la idea que no sabe a donde va ni donde ha estado. A su lado el hombre de negocios, que lleva un traje gris, parece no importale y se limita a mirarla de reojo cuando los sollozos de la muchacha lo desconcentran del periodico. Un poco más al fondo va una pareja de abuelitos tomados de la mano, a ellos parece no importales que la micro lleve 5 minutos en el mismo paradero; deben tener unos 70 años y unos minutos no harán la gran diferencia en sus vidas. Junto a ellos, un chico va escuchando alguna canción por su celular, no lleva audifonos y se percata de lo molesto que es para los demás pasajeros pero no hace ademán de usar audifonos o bajar el volumen.

5 millones de personas viven en Santiago, cada persona debe soportar a otras 4.9 millones y contar con la suerte de no encontrar alguno peligroso entre ellos.

Me doy cuenta que es por acá donde debo bajar para tomar el metro. Bajo y camino a la estación. Vuelvo a cargar la Bip.Pregunto que dirección debo tomar. Espero. Ahí viene el metro. Entro y el fuerte olor de aglomeración me desorienta. Las caras de las personas son terribles, no hace falta un gran talento para ver su disgusto, rabia, miedo, pena, impaciencia y que al primer rose van a explotar. Intento entrar sin pasar a llevar o pisar a mucha gente. La puerta se cierra apretando la correa de mi chaqueta y alguien me pisa las botas. De pronto la micro no parece tan mal.

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